Después de unos cuantos meses y con un nuevo amor en mi vida (María Catalina... Ains... qué bonica que es ella!) creo que estoy preparada para contar los acontecimientos de aquel fatídico día en que tuve que despedirme de mi cafetera con ruedas. Este es un homenaje a todas las cafeteras que recorren la "jografía" ejpañola y que acaban siendo vendidas para piezas... Snif.
Corría el mes de octubre (bueno, mas bien caminaba que sino los meses son de cansarse rapidico), mediados diría yo, y las hojas de los arboles ya estaban colganderas o se habían tiraú al asfalto. Uno de esos días, la Maco, la Maco de Ejpaña (Oleeeeeeeeeeeeeee), salió de Lugar de Trabajo con ganas de llegar a su "tojuntico" después de un largo día de trabajo, working que te working sin parar!.
Tomé las riendas de mi querida Romualda, la arranqué como tantas veces había hecho y ella respondió acelerando su motorcillo. Enfilamos la M-30 para coger la Castellana y llegar velozmente al hogar. Yo ya llevaba un tiempo pensando en reemplazarla porque la tía chupaba gasolina que daba gusto y la batería estaba caput... Pero no me decidía a abandonar a mi pequeña compañera de fatigas, con sus pegatinicas de Murakami decorando su carcasa azul eléctrico.
A lo que iba que me despisto, cogimos la Castellana y empezamos a descender por ella perdiéndonos por el mar de coches que se reúnen a esas horas. Yo llevaba un pensamiento en mi cabeza desde que había salido de Lugar de Trabajo: "Joe, qué ganas de llegar a casa y hacer pipí en mi propio baño". Porque la menda tiene mucho asquito a los baños compartidos. Soy rara, I know, pero yo prefiero mi cuarto de baño que cualquier otro!
Al llegar a la plaza de Gregorio Marañón giré para enfilar María de Molina y subir la calle para luego coger Av de América. Me metí en María de Molina y allí me metí en el túnel para evitar todo el atasco de Serrano.
Nota para loj que no soij de Madrí: La calle de María de Molina atraviesa las principales vías del barrio de Salamanca tales como la calle Serrano, Velázquez o Princípe de Vergara. Por este motivo, se hizo un túnel que pasase por debajico de la calle para asín evitarse semáforos y atascos. Fin de la nota.
Güeno, pues yo me metí en el túnel como tós los santos días. Aquí iba a comenzar la pesadilla...
Ya dentro del túnel, iba la menda feliz porque ya iba a poder hacer pipí cuando... enderepenteenunmomentocatapúnchispún!... Romualda se para. Vamos, que me peta la moto y me quedo ahí en medio del túnel tó tirá... Os he hecho hasta un dibujico explicativo para que lo entendáis:
Claro, ¿no? Bueno, pues me quedo ahí paradica sin poder arrancar la moto, con todos coches pasándome a escasos metros y pitándome a tutti plen y yo agobiá a mas no poder. Como pude, haciendo gala de un contorsionismo propio del Circo del Sol, conseguí sacar el móvil de bolso sin tener que quitarme ni los guantes ni el casco ni ná. Llamé a la Policía:
- Policía buenas tardes.
- Hola buenas. Mire, ej que se me ha quedado la moto tó paradica en el túnel de María de Molina, no consigo arrancarla y es que todo el mundo me está pitando y no paran de pasar coches y estoy acongojá!
- No se preocupes que le mandamos una patrulla para que le ayude a salir del túnel.
- Muchas gracias maja.
Y me quedé quietica hasta que llegase la poli y me rescatase... Pasaron 15 minutos y ni policía ni ná y la gente ya se impacientaba y yo ahí, bien arrimadica al quitamiedos para ocupar el mínimo espacio posible cuando enderepente sorpresivamente... Flas, flus, catapunchinpun... ROMUALDA ARRANCA!!!!!! OH SI NENA!!! Y conseguí salir del túnel y aparcar en una acera porque again one more time... Se apagó. Llame a la poli para decirles que eran unos imcompetentes por no venir a recatarme antes ya no hacía falta que viniesen porque había conseguido salir del túnel por mis propios medios.
El siguiente paso fue llamar al seguro para que una telefonista borde me ladrara que la grúa iba a tardar 45 minutos en llegar... "Jodeeeeeeeee, 45 minutos, pero si estoy a 5 de mi casa y justo al ladico hay un taller de motos". Asín que intenté arrancar otra vez a Romualda y funcionó. Conduje lo mas rápido que podía y la jodía se volvió a apagar pero justo en el momento en que entrabamos en el taller. Expliqué al señor del taller lo que había pasado, llamé al seguro para decirles que se podían meter las p*** grúa por donde les cupiese ya no hacía falta que viniese la grúa. y el señor del taller me dijo que al día siguiente me llamarían con el presupuesto.
Como sus podéis imaginar, el presupuesto era caro de narices y decidí que lo mejor era dejarla descansar en paz y buscarme una cafetera nueva que reemplazase a Romualda y no consumiese tanta gasofa. Así llegó María Catalina a mi vida este pasado Enero: blanca como la nieve y con 108cc que me llevan a toa velocidad por los Mandriles.
Besicos a tós!






